A los zaragozanos se les atribuye una franqueza que en una cita viene bien: se dice lo que se piensa y se nota cuando hay interés. La ciudad es grande, pero tiene algo de pueblo en el buen sentido. Te cruzas con conocidos, los amigos de tus amigos acaban siendo tus amigos y la gente se fía más de quien le presentan.
Esa cercanía tiene su otra cara: cuando llevas años en la misma ciudad, sientes que ya conoces a todo el mundo de tu edad. Por eso muchas personas, sobre todo a partir de los 40, buscan fuera de su círculo habitual. Si es tu caso, mira nuestras guías de citas a partir de los 50 y para padres y madres solteros.
Y un detalle muy local: el cierzo. Ese viento del noroeste puede convertir un paseo romántico en una prueba de resistencia, así que conviene tener siempre un plan B a cubierto.
