Hablamos mucho de las red flags, las señales de alerta que conviene no ignorar. Pero fijarse solo en lo malo tiene un riesgo: acabas buscando defectos en lugar de reconocer lo bueno cuando lo tienes delante.
Las señales verdes suelen ser discretas. No hacen ruido. Una persona que llega a la hora, se acuerda de lo que le contaste y te dice con claridad lo que busca no te deslumbra en la primera cita, pero es exactamente el tipo de persona con la que se construye algo.
