Imagina que llevas dos citas con alguien y ya te ha dicho que eres la persona de su vida, te escribe desde que se levanta hasta que se acuesta, te ha mandado flores al trabajo y quiere presentarte a su familia el domingo. Halaga, sí. Pero también abruma, y esa es precisamente la idea.
El término nació en los años setenta en Estados Unidos, asociado a la Iglesia de la Unificación (la secta conocida como «los moonies»), cuyos miembros recibían a los nuevos captados con una avalancha de cariño y atención. La psicóloga Margaret Singer lo describió en su libro de 1996 sobre las sectas, Cults in Our Midst. Con el tiempo, la expresión pasó a usarse para las relaciones de pareja en las que alguien utiliza el afecto como herramienta de control.
